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EL BULEVAR DE LA VIDA – Un receso de mil años

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 Así es nuestro país, el mis­mo día pa­samos sin receso del “espanto a la locura”, del pe­sar a la alegría, de la indigna­ción al optimismo, y también viceversa.

Facundo Cabral recomien­da: “Si el alcohol te hace mal para el trabajo, pues deja el trabajo”.

Tal que, como el borracho del Cabral anda la asociación de universidades privadas y sus socios; y todo porque la prueba que se utiliza como requisito para ingresar a la carrera de educación bajo la normativa 09-15 -y aproba­da por el Pacto Educativo-, ha evitado el ingreso masivo de estudiantes a esa carrera, afectando los ingresos econó­micos de esas universidades.

Ante el hecho, los muy se­ñores no exigen al gobier­no que se mejore la forma­ción de nuestros bachilleres, sino que baje el nivel de exi­gencia de la prueba, justo y como el borracho de Facun­do: “Si los bachilleres no su­peran la prueba, pues cambia la prueba”, o siéntate conmi­go a consensuar” lo que no es consensuable, porque es el mandato de un Pacto por la Educación, mil veces consen­suado.

Como aquí es fácil pasar del espanto a la alegría, no se reponía uno de este “des­absurdo” de nuestras aca­demias, cuando recibió una cordial invitación del Minis­terio de Educación, para ser testigo de acto de entrega de 537,000 tabletas, como par­te de los 800,000 dispositivos que ha comprado para los es­tudiantes dominicanos.

Admito, que fue emocio­nante, escuchar a la repre­sentante local del PNUD, Inka Mattila, hacer el reco­nocimiento de esa institución al Ministerio de Educación por sus esfuerzos de transpa­rencia y debida rendición de cuentas.

Los equipos fueron adqui­ridos a través del PNUD, lo que representó un ahorró al país cercano a los mil ochen­ta millones de pesos,

¡Por ahí es que prende la cosa!

Con dispositivos para to­dos, con internet donde sea, y sobre todo con maestros ca­pacitados, que es la gran ta­rea pendiente del nuevo go­bierno, pues se sabe que la calidad de la educación de­pende de la calidad del profe­sor… y así nos va.

Por cierto, cuando se habla de la educación de nuestros niños, la política y sus mise­rias debería tomarse un rece­so de mil años y, de paso, re­cordar al apóstol Martí: “ser cultos para ser libres”.

Y es que el ignorante, aún en libertad, será siempre es­clavo de su ignorancia.

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